El automovilismo nos propone fines de semana de colores.  Nos regala flores de amistad, nos alarga la vida.

 

 

Con los años aprendí que para un piloto, una carrera es una oportunidad de demostrar que puede superar cualquier obstáculo y alcanzar lo imposible. Recorrer los boxes del zonal del Atlántico nos ubica a un escenario donde siempre se ve un proyecto renovador, potable, desafiante, actualizado.  En cada carpa se vive ante los imponderables de la pista con fe, alegría y esperanza. Entre todos es uno más y ahí estaba en el autódromo Sudamericano de Olavarría, rodeado de amigos y la impactante “Chevy” color blanca. Ahí estaba una vez más , como si fuera su lugar en la vida, como si fuera su propia casa. Orden en los detalles. Un box bien presentado. Un auto impecable.

Tiene nombre propio: Juan Ezequiel.

Apellido: Rosconi.

Para todos es “Totito”.

Su tierra:  Balcarce.

Su territorio no tiene fronteras.

Una arista: destila automovilismo.

Una herramienta: ver la realidad, sabe que la verdad existe. Esta de ese lado opuesto que va de la mentira a la verdad.

Una virtud: estimular

Su música: el sonido de un motor, ama el zonal..

Con el estandarte de la amistad como modo para vivir en confraternidad y respeto se descubren los valores de cada persona. La vida no se mide por años, sino por momentos. La vida está hecha de pequeños y grandes momentos. Con el tiempo aprendí que el tren pasa más de una vez, pero con distintos pasajeros y el “Totito” Rosconi se gana el apreció de propios y extraños..

Cada encuentro genera un placer, cada palabra de su diccionario encierra reflexiones.

 

 

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Auspiciantes